REACCIÓ | Hundiendo el sol
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Hundiendo el sol

 
Sol
06 nov 2013, by Sofía Houtman in Noticias

La actual política energética del gobierno español profundizaría la crisis energética de las próximas décadas.

 

 

Mucho se viene hablando del Real Decreto sobre Autoconsumo [1], aprobado hace cosa de un mes, que establece las nuevas reglas del juego para las instalaciones de producción de energía eléctrica destinadas a autoconsumo. Para los que no se han enterado, se trata de una reforma lobista que tiene por objetivo garantizar la rentabilidad del sector eléctrico, a costa de los consumidores y pequeños productores de energías renovables; y su intención no es otra que impedir que exista una alternativa a comprar electricidad a las grandes empresas, o dicho de otra manera: eliminar la competencia. 

 Hasta hace unos años, la legislación promovía las energías renovables y de producción local, apoyando el desarrollo de un sistema sostenible y limpio; pero en poco tiempo el gobierno ha virado hacia un modelo de provisión centralizada y a gran escala, que ahoga a los pequeños productores de energías renovables e impide su crecimiento. Este cambio de ruta, que solamente beneficia a las multinacionales energéticas, se ha logrado poco a poco, a través de varios decretos. Cambiando las condiciones del mercado de las energías verdes primero, e introduciendo un coste adicional a quienes tengan instalaciones de producción para autoconsumo después, hemos alcanzado el punto en el que tener placas fotovoltaicas es menos rentable que tener una instalación normal y corriente. Todas las instalaciones de producción de energía eléctrica a partir de fuentes de energía renovables, cogeneración y residuos para autoconsumo, deberán estar inscriptas en un registro dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, así como comunicadas a las empresas eléctricas, que de esta manera obtendrán la información necesaria para cobrar los costes que establece el nuevo decreto. Estos costes adicionales reciben el nombre de “peaje de respaldo”, y constituyen el punto más controvertido del mismo. Será cobrado a quienes produzcan su propia energía y estén conectados a la red de distribución -tanto para complementar su producción, así como para verter a la red el excedente que se pudiese producir.

Es un hecho que el consumo de electricidad varía ampliamente a lo largo del día, y que por otra parte la energía eléctrica es difícil de almacenar; por lo que garantizar su disponibilidad en cada momento exige un gran esfuerzo por parte de las empresas de producción y distribución, con los costes asociados que devengan. Estos costes, lógicamente, se reflejan en cada en cada Kw que consumimos de la red. En el susodicho decreto se supone que los autoconsumidores que tienen una conexión a la red se benefician de esta estructura de respaldo, y es por ella que pretenden cobrar. Pero lo más cuestionable es que este peaje debe ser pagado aún cuando no se vierta en la red energía excedente; sino solamente por contar con una instalación de producción propia y estar conectado al mismo tiempo. De esta manera, se les pagará a las multinacionales por cada kW que el consumidor potencialmente deje de comprarle y -por supuesto- también por cada kW  adicional que sí le compre.

Son muchos los puntos grises de este decreto controvertido. Recordar que hasta hace pocos años las compañías de electricidad retribuían a los productores por la energía verde que se volcaban a la red, parece el comienzo de un libro que transcurre en un estado utópico e ideal. Lamentablemente, la actualidad se asemeja ahora al mundo de Aldous Huxley, en el que el control absoluto eliminaba las opciones. Hay que decir que en otros lugares sí que existen quienes avanzan alegremente hacia una utopía verde, y se encuentran tan solo unos pasos más al norte en este continente. Marc Romera, Gerente de la asociación SEBA (Serveis Energètics Bàsics Autònoms) describe la situación comparándola con una huerta urbana: “Imagínense que los grandes productores de verduras nos cobraran por cada planta de tomates que hayamos plantado, produzcan o no tomates, los vendamos o los comamos nosotros mismos”.

Los cambios legislativos de los últimos años han sido los causantes del hundimiento lento y gradual de las empresas de energías renovables, así como de los ingenieros y técnicos que apostaban por un desarrollo sostenible. Sabido es que, mal que nos pese en nuestra conciencia ambiental, el principal motor del desarrollo es el dinero; y si no sale a cuenta, nadie instalará una célula fotovoltaica. En la mayoría de los casos, la conciencia ambiental acaba un paso antes de donde empieza la economía de bolsillo. Claro está que el mundo no se mueve por ideales ecológicos.

Dejando de lado las graves consecuencias del cambio climático, el principal problema de esta agresiva política estatal no radica en los inconvenientes económicos que generen al sector de las renovables. El conflicto es mucho más profundo, y se trata de la crisis energética hacia la que nos estamos dirigiendo debido a la falta de combustibles fósiles. La escasez de energía no es inmediata, pero será gradual y comenzará pronto. Como sabemos, el zenit de un recurso es el punto en el que se puede obtener la mayor cantidad al menor precio (lo más óptimo) y se alcanza aproximadamente al consumir la mitad de las reservas existentes. Para el caso del petróleo, este punto fue alzanzado en la década pasada [2]. De ahora en adelante, la extracción será más difícil y, por lo tanto, más costosa. Este fenómeno ocurre con todas las energías no renovables, ya sea petróleo, gas o uranio; lo que nos plantea un panorama complicado para las próximas décadas, en las que lograremos obtener petróleo, pero será cada vez más costoso que dispongamos de su energía.

Aunque a simple vista la escasez de energías fósiles no parezca tener una relación directa con la electricidad, hasta el momento la segunda depende en su mayor parte de la primera. Mientras el mercado ofrece cada vez más vehículos eléctricos como eco-alternativa , este precepto es bastante cuestionable. Salvo en América del Sur, donde las hidroeléctricas tienen una gran importancia, en la mayoría de países del mundo la electricidad que se consume se obtiene mayormente a partir de fuentes no renovables. En Europa, la energía eléctrica proviene en un 53% de combustibles fósiles. Si a esto le sumamos el 23% de energía nuclear, llegamos a un 78% de nuestra electricidad con un origen no renovable. Alcanzamos únicamente un 15% de hidroeléctrica, que con el 7% del resto de renovables, suman el 22% faltante. La situación en España no varía demasiado de la del continente. Por más que la eólica pueda alcanzar un 50% algún día especialmente ventoso de este año [3], el promedio de renovables llegó apenas al 32% en 2012, después de 2 años a la baja [4].

Todavía queda por introducir otro factor a la ecuación: el aumento exponencial en el consumo mundial de energía al que nos lleva la vida moderna. Prácticamente no hay ningún momento en la historia, en el que la humanidad haya reducido su consumo de energía, aún aumentando la eficiencia de todos los sistemas. Como bien presagió el economista inglés Stanley Jevons en 1865, el consumo de energía a nivel mundial tiene un aumento exponencial [5] desde la revolución industrial hasta hoy en día.

Si a la falacia de la electricidad verde la mezclamos con la dependencia a las importaciones de energía que tiene España (de más del 50%), con la teoría del zenit de los combustibles fósiles y con un consumo de energía en aumento, nos encontramos con la receta de la crisis energética perfecta. 

Los especialistas todavía no han encontrado una solución a las necesidades energéticas de la segunda mitad de este siglo, cuando ya no dispongamos de oro negro. Carles Riba Romeva, ingeniero industrial y profesor de la UPC, plantea en su libro El Crack Energético que, por más que encontremos una manera de almacenar eficientemente las energías renovables, éstas no podrán hacer frente a nuestro futuro consumo. Haría falta una reducción de aproximadamente el 50% [6], hecho altamente improbable si consideramos la tendencia histórica. Siquiera comenzando la transformación hacia energías verdes ahora mismo llegaremos a tiempo para que la conjunción de estos parámetros no tenga una influencia negativa en la disposición o el precio de la energía a la que estamos acostumbrados.

Si los cálculos de Carles Riba son acertados, podríamos decir que la dirección de las políticas energéticas que se están adoptando actualmente a nivel estatal no solamente afectan a unos pocos hoy en día, sino que contribuirán a la crisis energética que estamos gestando y que lentamente nos irá llevando hacia una realidad compleja y excluyente para una parte de la sociedad, ya que atacan directamente a la única solución viable conocida y al modelo más eficiente que podemos asumir hoy en día.

Sin más opciones para enfrentar el problema, Marc Romera, llama a la insurgencia: instalar sistemas de Producción de energías renovables sin dar aviso al estado ni a las compañías eléctricas, y asegurarnos así el acceso a la energía por varias décadas más, al mismo tiempo que  dejamos de consumir otras energías contaminantes.

Sofía Houtman

Arquitecta de REACCIÓ

Barcelona, noviembre de 2013.

 


[1] MINISTERIO DE INDUSTRIA, ENERGÍA Y TURISMO, SECRETARÍA DE ESTADO DE ENERGÍA, Propuesta del Real Decreto por el que se regula la actividad de producción de energía eléctrica a partir de fuentes de energía renovables, cogeneración y residuos, ESPAÑA, 16 de Julio de 2013.
[2] RIVA ROMEVA, CARLES, Recursos energètics i crisi, la fi de 200 anys irrepetibles, Ediciones Octaedro, Barcelona 2012.
[3] RED ELÉCTRICA DE ESPAÑA,  https://demanda.ree.es/generacion_acumulada.html, Consulta 4 de noviembre de 2013.
[4] RED ELÉCTRICA DE ESPAÑA,   http://www.ree.es/es/red21/integracion-de-renovables, Consulta 4 de noviembre de 2013.
[5] JEVONS, WILLIAM STANLEY, The Coal Question, Londres, MacmIllan and Co, 1866 (Versión digital por Patrick Draper, 2009). [5] RIBA ROMEVA, ROVIRA, PUJADES, El crac energètic: Xifres i fal·làcies, Ediciones Octaedro, Barcelona, 2012

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